Date tiempo y reduce las exigencias
Durante las primeras semanas puede resultar difícil concentrarse, recordar información o tomar decisiones. Siempre que sea posible, aplaza lo que no sea urgente y acepta ayuda con las tareas cotidianas.
Orientaciones para cuidarte durante el proceso
No existe una forma correcta de vivir este duelo ni un calendario que deba cumplirse. Estas orientaciones no son obligaciones: son posibilidades que puedes adaptar a tu momento y a tus necesidades.
Una muerte por suicidio puede generar impacto, culpa, rabia, tristeza, alivio, miedo, preguntas o silencio. Las emociones pueden aparecer juntas, cambiar con el tiempo o llegar cuando menos lo esperas.
No tienes que demostrar fortaleza ni avanzar al ritmo que otras personas esperan. Puedes necesitar ayuda práctica, compañía, espacio, información o apoyo profesional en momentos diferentes.
Durante las primeras semanas puede resultar difícil concentrarse, recordar información o tomar decisiones. Siempre que sea posible, aplaza lo que no sea urgente y acepta ayuda con las tareas cotidianas.
No hay emociones prohibidas. La culpa, la rabia, la tristeza, el desconcierto o incluso momentos de alivio pueden formar parte de la experiencia. Sentirlos no dice nada negativo sobre el vínculo que tenías.
Es habitual revisar conversaciones y preguntarse si podría haberse hecho algo diferente. El suicidio es complejo y no puede explicarse por una sola causa ni atribuirse a una única persona.
Compartir lo que sientes puede ayudar, pero no tienes la obligación de explicarlo todo. Busca personas capaces de escuchar sin juzgar, dar consejos rápidos ni presionarte para que estés mejor.
Comer algo, beber agua, descansar, ducharte, caminar unos minutos o mantener una rutina mínima ya puede ser suficiente. No es necesario convertir el autocuidado en una nueva exigencia.
Puedes decidir qué visitas, mensajes, compromisos o conversaciones puedes sostener. Una persona de confianza puede ayudarte a responder comunicaciones o proteger espacios de descanso.
Un ritual, una fotografía, una carta, un objeto, una actividad compartida o simplemente hablar de la persona pueden ayudar. No hay una forma correcta ni es necesario hacerlo antes de estar preparado.
Reír, descansar o experimentar alegría no significa olvidar. El dolor puede convivir con momentos de vida, afecto y descanso sin traicionar la memoria de la persona querida.
Un profesional con experiencia en duelo traumático y suicidio puede ofrecer un espacio seguro. Los grupos de apoyo entre personas supervivientes también pueden reducir el aislamiento y facilitar comprensión compartida.
No intentes resolver toda la burocracia al mismo tiempo. Pide que te expliquen qué es urgente, cuál es el siguiente paso y quién puede acompañarte. La desorientación institucional no debería añadir más sufrimiento.
Necesitan información verdadera, clara y adaptada a su edad. Es importante evitar secretos que puedan generar más confusión, permitir preguntas y mantener, siempre que sea posible, rutinas y personas adultas de referencia.
Puede ser importante consultar a un profesional cuando el sufrimiento es muy intenso, se mantiene o interfiere profundamente en la vida diaria; cuando aparece un consumo problemático de sustancias; o cuando hay desesperanza, deseo de morir o riesgo de hacerse daño.
Pedir ayuda no significa que estés viviendo mal el duelo. Significa que no tienes que sostenerlo sin apoyo.
TDS ofrece una primera acogida individual, orientación práctica y espacios de apoyo para personas supervivientes del suicidio. Puedes contactar con nosotros aunque no sepas exactamente qué necesitas.
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